miércoles, 13 de abril de 2011

Con los perdedores del mejor de los mundos, de Günter Wallraff


Hace cuarenta años, cuando empecé a hacer este trabajo, no sólo yo, sino tal vez la mayoría, esperábamos avanzar sin pausa hacia un mundo más humano y más justo. Con mis reportajes y mis libros todavía quiero contribuir a que ese proceso siga adelante, aunque ahora con un escepticismo cada vez mayor. En los últimos años hemos vivido muchos retrocesos: la injusticia ha aumentado y las condiciones de vida no se han vuelto más humanas, sino todo lo contrario.
De la mano de la nueva desprotección llega la desvergüenza con la que se enriquecen los altos directivos y determinada especie de ex cargos políticos, una clase a la que sólo le interesa su propio bienestar, la mejor colocación posible, los ingresos de capital y dinero y los privilegios fiscales. Esa “sociedad paralela”, verdaderamente asocial y formada por auténticos sinvergüenzas, se proclama abiertamente ganadora mientras millones de desclasados creen que su pobreza, de la que no son culpables, es motivo de vergüenza.

Esta es una de las conclusiones a las que llega el periodista alemán Günter Wallraff, conocido por su método de investigación: disfrazarse para investigar desde dentro. Lo que en Alemania ha generado su propio verbo: wallraffear. Durante tres años estuvo investigando los bajos fondos de la sociedad alemana, empapándose del día a día de las personas menos favorecidas por el sistema. Se hace pasar por negro, por sin techo, por teleoperador y por trabajador de una panificadora, para mostrarnos los prejuicios raciales a lo largo de Alemania, el abandono a las personas que han perdido sus vínculos sociales y familiares y viven en la calle, la presión a la que se somete a los teleoperadores de empresas dedicadas a la estafa y la salvaje explotación laboral en connivencia con la agencia de trabajo estatal en una empresa que fabrica panes prehorneados para Lidl o de empresario que desea contratar de un abogado especialista en mobbing. Palpables demostraciones del resquebrajamiento del estado social en el motor económico europeo y del triunfo de los que denomina furiosos representantes de la política de la pobreza. Los que en España también nos dicen que tenemos que trabajar más y cobrar menos, para entendernos.

Pero Wallraff no sólo se disfraza: también recoge testimonios sobre prácticas empresariales abusivas, como en Starbucks o en la empresa de un reputado chef, o la trama de corrupción que gira en torno a la privatización de la empresa pública de ferrocarriles alemana: arruinar una empresa pública solvente para venderla y que se enriquezcan unos pocos.

Supone un relato interesante, aunque echo de menos un análisis a posteriori más profundo: o se queda en la superficie o resuelve el conflicto con preguntas abiertas, con lo que al final lo que nos queda es el fresco social que traza el periodista, que no es poco, pero que nos deja insatisfechos.

En España este hombre tendría mucho trabajo por hacer.




Entre los explotados y maltratados el miedo es tan grande que les asusta la mera idea de protestar.

1 comentario: